Guía Básica sobre Probióticos y Prebióticos

Descubre cómo los probióticos y postbióticos pueden mejorar tu digestión radicalmente.

Probióticos y prebióticos: guía completa para entenderlos, elegirlos y usarlos correctamente

La palabra "probiótico" aparece hoy en yogures, cápsulas, bebidas fermentadas, barras de proteína y hasta en cosméticos. La palabra "prebiótico" la sigue de cerca, frecuentemente en el mismo producto, sin que quede del todo claro qué hace cada una ni por qué importa la diferencia. Y en medio de ese ruido de marketing, las preguntas prácticas que realmente importan —¿cuándo los tomo?, ¿con qué?, ¿cuánto tiempo?, ¿cómo sé si están funcionando?— rara vez reciben una respuesta clara.

Esta guía intenta llenar ese espacio. No es un catálogo de productos ni una lista de beneficios genéricos. Es un recorrido por lo que la ciencia sabe sobre cómo funcionan los probióticos y los prebióticos, qué los diferencia, cómo se usan correctamente y qué expectativas son razonables —y cuáles no.


Parte I: entender el terreno antes de actuar

La microbiota intestinal: de quién estamos hablando

El intestino humano alberga entre 10 y 100 billones de microorganismos —bacterias, hongos, virus y arqueas— que en conjunto forman lo que se conoce como microbiota intestinal. Este ecosistema, cuyo peso combinado ronda los 200 gramos, no es un inquilino pasivo del cuerpo. Es un actor metabólicamente activo que participa en la digestión de fibras que el organismo no puede procesar por sí solo, en la síntesis de vitaminas como la K y algunas del grupo B, en la regulación del sistema inmune —con el que mantiene comunicación constante a través del tejido linfoide intestinal— y en la producción de neurotransmisores y sus precursores que influyen sobre el estado de ánimo a través del eje intestino-cerebro.

Una microbiota en equilibrio —en lo que los científicos llaman eubiosis— sostiene estas funciones de forma eficiente. Una microbiota alterada —disbiosis— puede contribuir a síntomas digestivos, inflamación crónica de bajo grado, mayor susceptibilidad a infecciones y, según investigación emergente, efectos sobre el estado de ánimo y la función cognitiva.

Lo que come la microbiota, cómo vive, qué produce y qué tan equilibrada está depende en gran medida de lo que nosotros comemos, de cómo dormimos, de cuánto nos movemos y de los fármacos que tomamos. Los probióticos y los prebióticos son herramientas para influir sobre ese ecosistema de forma deliberada.

Qué es un probiótico — y qué no lo es

La definición científica formal de probiótico, establecida por la OMS y la FAO, es: microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped.

Cada palabra de esa definición importa.

Microorganismos vivos: un probiótico que no contiene microorganismos vivos en cantidad suficiente no es un probiótico. Esta es la razón por la que la viabilidad al momento de consumo —no solo en el momento de fabricación— es un criterio de calidad crítico.

Administrados en cantidades adecuadas: el efecto de un probiótico es dosis-dependiente y cepa-dependiente. Un producto con una cantidad insuficiente de microorganismos, aunque los contenga vivos, puede no producir el efecto documentado en los estudios clínicos.

Confieren un beneficio para la salud: el beneficio debe estar documentado. No basta con que el microorganismo sea "amigable" o "de origen natural" para que califique como probiótico en el sentido clínico.

Lo que no es un probiótico por definición: el yogur convencional pasteurizado después de la fermentación —que destruye los microorganismos—, los alimentos fermentados con cultivos no vivos al momento del consumo, ni cualquier producto que declare "bacterias beneficiosas" sin especificar la cepa y el recuento viable.

Qué es un prebiótico — y por qué es distinto

Un prebiótico es un sustrato que es fermentado selectivamente por los microorganismos de la microbiota del huésped, produciendo cambios en la composición o actividad de esa microbiota que confieren un beneficio para la salud.

En términos más simples: los prebióticos son el alimento de los probióticos. Son fibras y compuestos que el intestino delgado no puede digerir y que llegan intactos al colon, donde son fermentados por las bacterias benéficas de la microbiota —particularmente Bifidobacterium y Lactobacillus— produciendo ácidos grasos de cadena corta (principalmente butirato, propionato y acetato) que nutren las células del colon, modulan la inflamación y tienen efectos sobre el metabolismo sistémico.

Los prebióticos más estudiados son:

Inulina y fructooligosacáridos (FOS): presentes naturalmente en achicoria, cebolla, ajo, puerro, espárragos y plátano. Son los prebióticos con mayor volumen de investigación clínica y los más frecuentes en suplementos.

Galactooligosacáridos (GOS): derivados de la lactosa, presentes en la leche materna. Favorecen el crecimiento de Bifidobacterium y son especialmente relevantes en el contexto de la microbiota infantil.

Almidón resistente: presente en plátano verde, papa cocida y enfriada, legumbres y granos integrales. Llega al colon sin digerirse y es fermentado produciendo principalmente butirato, el combustible preferido de las células del colon.

Beta-glucanos: presentes en avena y cebada. Tienen actividad prebiótica y efectos documentados sobre el colesterol y la glucemia postprandial.

La diferencia entre simbiótico y psicobiótico

Dos términos que aparecen con frecuencia en el mercado y merecen una aclaración:

Un simbiótico es un producto que combina probióticos y prebióticos en la misma formulación, con el objetivo de que el prebiótico favorezca la supervivencia y el establecimiento del probiótico en el intestino. La combinación tiene lógica biológica, aunque no siempre está claro si el prebiótico incluido en la cápsula es suficiente para producir un efecto sinérgico significativo.

Un psicobiótico es un probiótico —o prebiótico— con evidencia de efectos sobre la salud mental a través del eje intestino-cerebro. Es una categoría emergente con evidencia aún preliminar en humanos pero con mecanismos biológicos plausibles y creciente interés científico.


Parte II: la ciencia detrás de los beneficios

Lo que está bien establecido

La evidencia más sólida para el uso de probióticos en humanos se concentra en áreas específicas donde los ensayos clínicos controlados han producido resultados consistentes:

Diarrea asociada a antibióticos: esta es posiblemente la indicación con mayor respaldo clínico para los probióticos. Una revisión Cochrane de Goldenberg et al. (2017) analizó 17 ensayos con más de 3,600 participantes y concluyó que los probióticos reducen significativamente el riesgo de diarrea asociada a antibióticos, con las cepas Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii mostrando los efectos más consistentes. La lógica es directa: los antibióticos alteran la microbiota y los probióticos ayudan a estabilizarla durante y después del tratamiento.

Síndrome de intestino irritable: una revisión sistemática de Ford et al. (2018) en American Journal of Gastroenterology evaluó más de 50 ensayos clínicos y encontró que los probióticos reducen los síntomas globales del SII —incluyendo dolor abdominal, distensión y alteraciones del tránsito— comparados con placebo, con mayor consistencia en fórmulas multi-cepa que en cepas únicas.

Diarrea infecciosa aguda: múltiples metaanálisis documentan que los probióticos reducen la duración de la diarrea infecciosa aguda en aproximadamente 1 día, con mayor evidencia en población pediátrica que en adultos.

Salud vaginal: Lactobacillus es el género dominante en la microbiota vaginal saludable, y su depleción se asocia con vaginosis bacteriana y mayor susceptibilidad a infecciones. Ensayos clínicos han documentado que la suplementación oral con cepas específicas de Lactobacillus rhamnosus y Lactobacillus reuteri puede contribuir a restaurar y mantener el equilibrio de la microbiota vaginal.

Lo que es prometedor pero aún en construcción

Salud mental: la investigación sobre el eje intestino-cerebro ha generado resultados prometedores en modelos animales y en ensayos clínicos piloto en humanos sobre ansiedad, depresión leve y respuesta al estrés. Los datos son insuficientes para recomendaciones clínicas específicas, pero los mecanismos son plausibles y la investigación está activa.

Inmunidad: la estimulación de la IgA secretora y la modulación de la respuesta inmune a través del tejido linfoide intestinal son mecanismos bien documentados. Varios ensayos documentan menor incidencia de infecciones respiratorias en personas que toman probióticos durante períodos de estrés inmunológico, aunque los resultados varían entre cepas y poblaciones.

Salud metabólica: evidencia emergente sugiere que ciertas cepas pueden influir sobre la sensibilidad a la insulina, el metabolismo lipídico y la composición corporal a través de la modulación de la microbiota, aunque los efectos en ensayos clínicos son modestos y no suficientemente consistentes para recomendaciones.

Lo que no está suficientemente documentado

No existe evidencia clínica suficiente para recomendar probióticos como tratamiento de enfermedades inflamatorias intestinales severas (enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa), enfermedades autoinmunes sistémicas, cáncer o condiciones neurológicas establecidas. Estas indicaciones aparecen en algunos materiales de divulgación sin el respaldo de ensayos clínicos de calidad suficiente.


Parte III: cómo elegir un probiótico

Esta es la parte donde más personas toman decisiones subóptimas, porque el mercado de probióticos tiene una variabilidad de calidad extraordinaria y el etiquetado de los productos frecuentemente no proporciona la información necesaria para hacer una elección informada.

El criterio más importante: la cepa

La regla de oro en probióticos es que los beneficios son cepa-específicos. Lo que está documentado para Lactobacillus rhamnosus GG no es automáticamente aplicable a Lactobacillus rhamnosus de otra cepa, aunque el nombre de la especie sea el mismo. La cepa es el nivel de especificidad que determina si un microorganismo tiene evidencia clínica para una indicación concreta.

Una cepa se identifica por tres componentes: el género (Lactobacillus), la especie (rhamnosus) y la designación de cepa (GG, en este caso). El etiquetado de un probiótico de calidad debe incluir los tres niveles. Un producto que solo declara "Lactobacillus" o incluso "Lactobacillus rhamnosus" sin la designación de cepa no permite verificar si corresponde a las cepas con evidencia clínica documentada.

El recuento de UFC y cuándo importa

Las UFC —unidades formadoras de colonias— son la medida de la cantidad de microorganismos vivos en el producto. Los rangos utilizados en estudios clínicos con resultados positivos oscilan entre 10⁸ y 10¹¹ UFC por dosis según la cepa y la indicación. Un producto con 1 millón de UFC (10⁶) está varios órdenes de magnitud por debajo de las dosis estudiadas clínicamente.

Dos criterios son críticos al evaluar el recuento de UFC:

El primero es que el recuento debe estar garantizado a la fecha de caducidad, no solo al momento de fabricación. Los microorganismos vivos pierden viabilidad con el tiempo, especialmente en condiciones de calor y humedad. Un producto que declara "10 mil millones de UFC al momento de fabricación" puede contener una fracción de esa cantidad en el momento del consumo si no hay garantía a vencimiento.

El segundo es que más UFC no siempre es mejor. La dosis óptima es cepa-específica y está determinada por los estudios clínicos disponibles. Un producto con 100 mil millones de UFC de una cepa sin evidencia clínica para la indicación buscada no es superior a uno con 10 mil millones de una cepa bien documentada.

Multi-cepa vs cepa única

La elección entre productos de cepa única y multi-cepa depende de la indicación:

Para indicaciones específicas bien documentadas —como la diarrea asociada a antibióticos con Lactobacillus rhamnosus GG o la vaginosis bacteriana con cepas específicas de Lactobacillus— los productos de cepa única con la cepa correcta tienen el mayor respaldo.

Para apoyo general a la salud digestiva e inmunológica sin una indicación clínica específica, los productos multi-cepa tienen una lógica ecológica: diferentes cepas ocupan nichos distintos en el tracto gastrointestinal y pueden producir efectos complementarios. La evidencia para fórmulas multi-cepa en el SII es más consistente que para cepas únicas, por ejemplo.

Cómo leer una etiqueta de probiótico

Una etiqueta de probiótico de calidad debe incluir:

  • Nombre completo de cada cepa (género + especie + designación de cepa)
  • Recuento de UFC por dosis garantizado a fecha de caducidad
  • Condiciones de almacenamiento recomendadas
  • Declaración de ausencia de alérgenos relevantes (gluten, lácteos, soya) si aplica
  • Certificación por terceros (NSF International, USP Verified o Informed Sport para atletas)

Lo que debe generar precaución: etiquetas que solo declaran "cultivos probióticos activos" sin especificar cepas, productos que garantizan UFC solo al fabricación, y fórmulas con docenas de cepas sin declarar el recuento individual de cada una —lo que puede significar que cada cepa está presente en cantidades subclínicas.


Parte IV: cómo usar los probióticos correctamente

Cuándo tomarlos — la pregunta más frecuente

El momento de ingesta de los probióticos en relación con las comidas es uno de los temas más debatidos y más mal comunicados en el mercado de suplementos. La respuesta depende de la cepa y de su sensibilidad al ácido gástrico.

La evidencia disponible sugiere que la mayoría de los probióticos sobreviven mejor el tránsito gástrico cuando se toman con alimentos o inmediatamente antes de comer, ya que la presencia de comida eleva el pH gástrico transitoriamente y reduce el tiempo de exposición de los microorganismos al ácido del estómago. Un estudio de Tompkins et al. (2011) en Beneficial Microbes encontró que la supervivencia de varias cepas de Lactobacillus fue significativamente mayor cuando se administraron con una comida que contenía algo de grasa comparadas con la administración en ayunas o con agua sola.

Sin embargo, hay excepciones relevantes: las cepas esporuladas como Bacillus coagulans son resistentes al ácido gástrico independientemente del momento de ingesta, y algunas formulaciones con recubrimiento entérico están diseñadas precisamente para sobrevivir el estómago sin depender de la comida. En estos casos, el fabricante debe especificarlo.

Una regla práctica general aplicable a la mayoría de los probióticos sin indicación específica en el etiquetado: tomarlos al inicio de una comida que contenga algo de grasa es la estrategia que maximiza la supervivencia de la mayoría de las cepas comunes.

Con qué NO tomarlos

Con antibióticos simultáneamente: aunque el propósito de tomar probióticos durante un tratamiento con antibióticos es precisamente contrarrestar el efecto de estos sobre la microbiota, los antibióticos pueden matar los microorganismos del probiótico si se toman al mismo tiempo. La recomendación estándar es separar la toma del probiótico y el antibiótico al menos 2 horas. Tomar el probiótico a mitad del intervalo entre dosis del antibiótico es la estrategia que minimiza la interferencia.

Con bebidas muy calientes: las enzimas y los microorganismos vivos se desnaturalizan o mueren a temperaturas superiores a 40–50°C. Tomar un probiótico con té caliente, café o cualquier bebida a temperatura elevada puede reducir significativamente su viabilidad.

Con alcohol en cantidad significativa: el alcohol tiene actividad antimicrobiana directa. Consumir alcohol con o inmediatamente después de un probiótico puede reducir la viabilidad de los microorganismos.

Cuánto tiempo tomar un probiótico

La duración óptima de la suplementación con probióticos depende del objetivo:

Para indicaciones agudas —diarrea infecciosa, apoyo durante y después de antibióticos— los estudios utilizan períodos de 5 a 14 días, continuando el probiótico al menos 1–2 semanas después de terminar el antibiótico para apoyar la recuperación de la microbiota.

Para indicaciones crónicas o de mantenimiento —SII, apoyo inmunológico, salud digestiva general— los estudios utilizan períodos de 4 a 12 semanas, con algunos beneficios que requieren uso continuado para mantenerse, ya que la mayoría de las cepas probióticas no colonizan permanentemente el intestino sino que producen sus efectos mientras están presentes.

Una consideración importante: la mayoría de los microorganismos probióticos no son colonizadores permanentes. Se establecen transitoriamente en el intestino durante el período de suplementación y son eliminados gradualmente después de interrumpirla. Esto no significa que no funcionen —sus efectos sobre la microbiota residente, el sistema inmune y la barrera intestinal pueden persistir— pero sí significa que para mantener los beneficios en condiciones crónicas, el uso continuado generalmente es necesario.


Parte V: cómo usar los prebióticos correctamente

Primero, la perspectiva dietética

Antes de hablar de suplementos prebióticos, vale la pena señalar que la fuente más efectiva, económica y mejor respaldada de prebióticos es la dieta. Una alimentación con abundante diversidad vegetal —frutas, verduras, legumbres, granos integrales, frutos secos— aporta de forma natural los sustratos que la microbiota necesita para funcionar de forma óptima.

El consumo promedio de fibra en México y en la mayoría de los países latinoamericanos está considerablemente por debajo de las recomendaciones (25–38 g/día para adultos). Antes de añadir un suplemento prebiótico, aumentar la ingesta de fibra dietética a través de alimentos reales produce beneficios sobre la microbiota que ningún suplemento puede replicar en su totalidad —por la diversidad de sustratos que aporta y por los compuestos fitoquímicos que los acompañan.

Los suplementos prebióticos tienen su lugar más claro en personas que, por restricciones dietéticas, condiciones de salud o dificultades de acceso, no pueden obtener cantidades suficientes de fibra prebiótica a través de la dieta.

Precaución con la dosis inicial

La fermentación de los prebióticos en el colon produce gases como subproducto. Iniciar la suplementación con dosis altas de inulina, FOS u otros prebióticos fermentables puede producir distensión abdominal, gases y malestar digestivo significativos en personas no habituadas.

La recomendación universal para los suplementos prebióticos es comenzar con dosis bajas e incrementar gradualmente a lo largo de 2–3 semanas, dando tiempo a la microbiota para adaptarse al mayor aporte de sustratos fermentables. La dosis inicial recomendada para inulina o FOS es de 2–3 g/día, aumentando hasta 5–10 g/día según la tolerancia individual.

Con qué tomarlos y cuándo

Los prebióticos no contienen microorganismos vivos, por lo que no tienen las mismas restricciones de temperatura y compatibilidad que los probióticos. Pueden tomarse en cualquier momento del día, con o sin alimentos, aunque la mayoría de los estudios los administran con las comidas principales para integrarlos al flujo de sustratos que llegan al colon.

Cuando se toman como parte de un simbiótico —junto con el probiótico en la misma cápsula— las consideraciones de momento de ingesta del probiótico aplican al conjunto.


Parte VI: prebióticos, probióticos y situaciones específicas

Durante y después de antibióticos

Esta es la situación donde la combinación de probióticos y prebióticos tiene mayor evidencia práctica. Los antibióticos de amplio espectro producen una reducción significativa de la diversidad microbiana intestinal que puede persistir semanas o meses después de terminar el tratamiento, con consecuencias sobre la digestión, la inmunidad y la susceptibilidad a infecciones oportunistas como Clostridium difficile.

El protocolo con mayor respaldo clínico es:

Iniciar el probiótico desde el primer día del antibiótico, separando ambas tomas al menos 2 horas. Continuar el probiótico durante el tratamiento completo y al menos 2 semanas adicionales después de terminarlo. Añadir un prebiótico —a dosis bajas inicialmente— puede apoyar la recuperación de las bacterias benéficas de la microbiota residente que sobreviven al antibiótico.

Las cepas con mayor evidencia para esta indicación son Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii —este último es un hongo, no una bacteria, por lo que no es afectado por los antibióticos bacterianos.

En el contexto del deporte

Los atletas que entrenan con alta frecuencia e intensidad tienen mayor permeabilidad intestinal post-ejercicio y mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias durante períodos de entrenamiento intenso. Los probióticos con mayor evidencia en este contexto son los que actúan sobre la inmunidad mucosa —estimulando la IgA secretora en las mucosas intestinal y respiratoria.

Las cepas más estudiadas en atletas incluyen Lactobacillus rhamnosus GG, Lactobacillus acidophilus NCFM, y Pediococcus acidilactici CECT 7483, con evidencia de menor incidencia de infecciones respiratorias durante períodos de entrenamiento intenso.

Los prebióticos en el contexto deportivo tienen relevancia a través de su efecto sobre la integridad de la barrera intestinal: el butirato producido por la fermentación de prebióticos es el principal combustible de los colonocitos —las células del colon— y mantiene la barrera intestinal que el ejercicio intenso tiende a comprometer.

En el adulto mayor

Los niveles de Bifidobacterium —uno de los géneros más beneficiosos de la microbiota— declinan progresivamente con la edad. En adultos mayores, la microbiota tiende a ser menos diversa y con mayor proporción de bacterias potencialmente inflamatorias. La suplementación con probióticos que contengan cepas de Bifidobacterium y con prebióticos de tipo FOS —que estimulan selectivamente el crecimiento de Bifidobacterium— tiene lógica mecanicista y respaldo en algunos ensayos clínicos en esta población para el apoyo inmunológico y digestivo.

En personas con síndrome de intestino irritable

El SII es una de las indicaciones con mayor evidencia disponible para los probióticos. Sin embargo, hay una matización importante: el SII es una condición heterogénea con diferentes subtipos —predominio de diarrea, predominio de estreñimiento, mixto— y no todas las cepas funcionan igualmente para todos los subtipos.

Adicionalmente, algunas personas con SII tienen sensibilidad a los FODMAPs —carbohidratos fermentables que incluyen a muchos prebióticos— y pueden experimentar empeoramiento de los síntomas con la suplementación prebiótica. En este contexto, los prebióticos deben introducirse con extrema precaución y bajo guía de un profesional de salud, y pueden no ser adecuados para todos los perfiles de SII.


Parte VII: señales de que algo no está funcionando — y qué hacer

Efectos adversos esperables vs señales de alerta

Algunos síntomas al iniciar un probiótico o prebiótico son normales y transitorios: gases, distensión y cambios en la consistencia o frecuencia de las deposiciones durante las primeras 1 a 2 semanas son el resultado de la adaptación de la microbiota al nuevo input. Generalmente se resuelven espontáneamente.

Lo que no es normal y justifica suspender y consultar al médico: síntomas que se intensifican en lugar de resolverse después de 2 semanas, aparición de fiebre, dolor abdominal severo, sangre en las heces o síntomas sistémicos. Aunque las reacciones graves a probióticos son extremadamente raras en personas inmunocompetentes, estas señales requieren evaluación profesional.

Por qué "no sentir nada" no significa que no funcione

La microbiota intestinal opera en silencio. A diferencia de un analgésico o un estimulante, los probióticos y prebióticos no producen efectos perceptibles agudos en la mayoría de los casos. Sus beneficios —menor frecuencia de infecciones, mejor regulación del tránsito, menor inflamación de bajo grado— se manifiestan como la ausencia de síntomas o como mejoras graduales que son difíciles de atribuir de forma directa al suplemento.

Esto hace que evaluar la eficacia de un probiótico sea difícil en el nivel individual. La ausencia de efectos perceptibles en las primeras semanas no significa que el producto no esté actuando —especialmente para indicaciones de mantenimiento o preventivas.

Cuándo tiene sentido consultar a un especialista

Antes de iniciar probióticos en personas con inmunodeficiencia documentada, enfermedades inflamatorias intestinales diagnosticadas, síndrome de intestino corto o condiciones hepáticas severas, la consulta con un gastroenterólogo o médico especializado es indispensable —no como formalidad, sino porque en estas condiciones la elección de la cepa, la dosis y la duración tiene implicaciones clínicas específicas que van más allá de lo que un suplemento de venta libre puede abordar de forma segura.


En resumen: diez principios para usar bien los probióticos y prebióticos

Antes de elegir cualquier producto, identificar qué objetivo específico se busca —apoyo durante antibióticos, manejo de síntomas digestivos, inmunidad, salud vaginal— porque la cepa correcta depende de la indicación.

Verificar que la etiqueta declare la cepa completa —género, especie y designación— y el recuento de UFC garantizado a fecha de caducidad.

Tomar el probiótico al inicio de una comida que contenga algo de grasa, salvo indicación específica del fabricante.

Separar siempre el probiótico del antibiótico al menos 2 horas cuando se usan de forma simultánea.

No tomar el probiótico con bebidas calientes ni con alcohol.

Iniciar los prebióticos con dosis bajas e incrementar gradualmente para evitar malestar digestivo.

Mantener la suplementación al menos 4 semanas antes de evaluar resultados para indicaciones crónicas.

Continuar el probiótico al menos 2 semanas después de terminar un tratamiento con antibióticos.

Para personas con SII, introducir prebióticos con precaución y evaluar la tolerancia individual antes de aumentar la dosis.

Para personas con inmunodeficiencia o condiciones médicas complejas, consultar con un profesional de salud antes de iniciar cualquier suplemento probiótico.


Referencias

Goldenberg, J. Z., et al. (2017). Probiotics for the prevention of Clostridium difficile-associated diarrhea in adults and children. Cochrane Database of Systematic Reviews, 12, CD006095. DOI: 10.1002/14651858.CD006095.pub4

Ford, A. C., et al. (2018). Efficacy of prebiotics, probiotics, and synbiotics in irritable bowel syndrome and chronic idiopathic constipation. American Journal of Gastroenterology, 109(10), 1547–1561. DOI: 10.1038/ajg.2014.202

Tompkins, T. A., et al. (2011). The impact of meals on a probiotic during transit through a model of the human upper gastrointestinal tract. Beneficial Microbes, 2(4), 295–303. DOI: 10.3920/BM2011.0022

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Ouwehand, A. C., et al. (2018). Probiotic approach to prevent antibiotic resistance. Annals of Medicine, 46(6), 430–436. DOI: 10.3109/07853890.2014.900930

La información proporcionada en este artículo es para fines informativos y no debe considerarse como un consejo médico. Consulta a un profesional de la salud antes de realizar cambios en tu dieta o estilo de vida.

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